Jerusalén, la ciudad de las mil caras

Sin duda un viaje inolvidable, quizás el lugar más fascinante que he visitado. Jerusalén, con miles de años de historia, cada centímetro es símbolo de ello.

Para ponerlos en contexto: siempre había soñado con visitar Jerusalén, lugar de tanto encuentro y desencuentro, la capital del mundo árabe, el lugar neutro del medio oriente, la ciudad anhelada por musulmanes, judíos, cristianos y por mi, por supuesto.

Me arriesgue y me endeude con mi hermano para comprar los pasajes, pero antes de irme junté dinero vendiendo almuerzos los domingos, haciendo eventos musicales y hasta vendí mi moto, todo para lograr completar mi sueño.

La llegada

Me embarqué solo en esta aventura, luego de una semana en Madrid, llegué a Israel por el aeropuerto de Tel Aviv, obligado por el retraso de mi maleta (mi guitarra en realidad) tuve que retrasar mi llegada a la ciudad santa y quedarme un día en la ciudad portuaria. Aproveché de visitar Jaffa, mi primer encuentro con el medio oriente en uno de los puertos más antiguos del mundo.

Aquí les dejo unas imágenes de Jaffa

Al otro día, una vez terminado el tramite tomé el tren que sale del mismo aeropuerto hacia Jerusalén. Me impresionó lo corto del viaje, subí las escaleras mecánicas totalmente perdido, conseguí un mapa y salí de la estación, en ese momento me vi; estaba en una ciudad desconocida, sólo, sin internet y a miles de kilómetros de mi país, todo escrito en hebreo, un idioma que yo no comprendo y una que otra cosa en inglés.

Mi primera impresión fue encontrarme con un lugar totalmente moderno; había una especie de tranvía, varias tiendas, edificios altos, mucha gente, jóvenes militares por todos lados y gran cantidad de judíos ortodoxos, fue una imagen extraña, no era lo que yo buscaba, yo quería ver la ciudad antigua de Jerusalén.

Pregunté a unos chicos cómo llegar pero se negaron, esto es más común de lo que uno cree, sobre todo en el viejo continente, pero no hay que desanimarse. Con mi mapa y la ayuda de otras personas tomé el tranvía-moderno, el cual estaba repleto de gente, con suerte cabía yo con mi mochila de viaje y mi guitarra en la mano. Estaba tan ansioso que me bajé un par de estaciones antes. Caminé rápidamente hasta que por fin la vi, me encontré de frente con una gran muralla, vieja y sólida que daba la impresión de estar escondiendo y cuidando algo muy preciado dentro de ella.

Comencé a caminar por el costado de esta muralla de enormes ladrillos que se extendía a lo lejos y daba a una enorme entrada. Mi impresión era enorme, por el mismo camino que iba yo, circulaban cada vez más judíos ortodoxos, musulmanes y sacerdotes cristianos. Antes de cruzar la gran puerta, la que tenía todo un estilo medieval-medio oriental, se reunían enormes grupos de turistas que rodeaban a sus guías mientras les explicaban lo que tenían al frente. Caminaba lento, disfrutando de todo el panorama, observaba detalladamente lo que ocurría, hasta que crucé la gran entrada…

Iglesia, tumba de la Virgen

Lo que sucedió a continuación completó todo aquello que esperaba y lo superó por miles, una ciudad loca, edificios antiquísimos, todo de piedra; las calles, las paredes. Pequeñas callejones por todos lados que se perdían entre las tiendas de comida y de lo que fuera. A la derecha la gran torre de David. Personas con atuendos que nunca había visto, combinación de colores y religiones, de aromas y sabores. Gritos de comerciantes, gritos de turistas buscándose, miles de celulares y cámaras tomando fotos, alfombras colgadas, escalinatas, gente a un paso rápido, otros al paso de shopping, risas, regateos, idiomas confusos, miradas de impresión otras más cotidianas, rostros de cada rincón del planeta. Cada pasaje al que uno se introducía tenía una nueva sorpresa, un nuevo rostro, un nuevo signo religioso, iglesias por todos los rincones, cruces, estrellas de David, lunas musulmanas, campanazos, oraciones musulmanes por los bocinas que rebotaban en los ladrillos. Todo era un mar de estímulos que me hicieron emocionarme profundamente. Ahí estaba yo, solo, parado con mi mochila y mi guitarra en la ciudad que cumplía todos mis anhelos, lo había logrado. El sueño estaba cumplido y no cabía en mí, sonreía.

Todo era una locura. Todos éramos parte de este paisaje extraño que nadie entendía muy bien. Comencé a introducirme por los pasajes que no tienen un orden aparente, que suben y bajan y giran sin anunciar nada, hasta que me encontré con un café, una calle más tranquila dentro de lo que podríamos decir “tranquila”. Me senté y para completar el espectáculo pedí un café árabe y unos dulces de la zona. Lo segundo que hice fue pedir internet, como buen millenials, para enviarle un mensaje a mi familia. Solo me quedaba agradecerles a ellos por ayudarme a cumplir el sueño que había logrado. En ese momento pude darme de que pocos momentos en mi corta vida me han entregado esa emoción, me di cuenta de lo importante que es para mí viajar y encontrar esa ciudad perdida, escondida, recóndita, que aunque se llegue en avión y en todas las comodidades (que no lo fueron tanto) es una aventura que vale la pena vivir para compartirla. Hay lugares mágicos que son dignos de ser deseados y éste sí que lo vale.

Hay lugares mágicos que son dignos de ser deseados y éste sí que lo vale.

Datos curiosos:

División de la ciudad antigua:
La ciudad antigua está dividida en cuatro: el cuarto musulmán, el cuarto cristiano, el cuarto judío y el cuarto armenio, todo rodeado de una gran muralla de cientos de años de antigüedad con solo cinco entradas. Cada cuarto contiene características que lo distinguen de los otros barrios, en lo arquitectónico, en lo culinario, en las tiendas y en la gente misma, lo que hace de esta ciudad un lugar único en el mundo, lleno de mixturas que no dejan de llamar la atención.

Aquí les dejo unas imágenes de Jerusalén

Datos turísticos:
Visitar Jerusalén es llenarse de misticismo y paganismo, con un sin fin de lugares para recorrer: La iglesia del Santo Sepulcro, el muro de los lamentos, la Mezquita de al-aqsa y el eterno de mercado, son sin duda algunos de los lugares más bellos de la ciudad, entre tantos otros. Además de todos los lugares santos que están por fuera, como los cementerios, el huerto de Getsemaní (lugar en que Jesús fue arrestado), la tumba del rey David, entre otros muchos.

Si me preguntan por precios, la ciudad antigua es lo más barato en cuanto a comida y alojamiento, no así la ciudad moderna, que podría estar entre las más caras del mundo. Dentro de las murallas hay para todos los gustos, hay hostales que no superan las condiciones mínimas que pediría un chileno, como otros muy cómodos y con hermosas vistas.

La Comida:
La comida en general es muy buena y el cuarto musulmán es siempre el más barato, lo recomiendo totalmente. En este sector manda el regateo así que no se sorprenda si le cambien los precios, esto no es engaño es parte de la cultura y usted mismo puede negociar hasta encontrar el precio que le convenga.

Puedes almorzar falafel, que vendría siendo lo más económico de todas las comidas, consiste en un pan pita con pequeñas albóndigas de garbanzos con diferentes ensaladas y salsas (eso depende de cada lugar) por un precio de 13 shekels más o menos ($2600) más una bebida o un jugo que anda por los 10 shekels generalmente ($2.000). Sí, no es un lugar barato. Otra comida que siempre viene bien son los bien ponderados shawarmas de pollo o carne, una delicia que yo sabía mezclar bien casi día por medio. Por otro lado está el café y los dulces árabes. También puedes ahorrar más comprando en el mercado y cocinando en la hostal. Y si quieres deleitarte tienes un sin fin de platos exquisitos para saborear, tanto dentro como fuera de la ciudad.

Alojamiento:
Yo me alojé en Hebrón Hostel la mayor parte del tiempo, cercana a la puerta de Damasco, en el cuarto musulmán. Era una de las hostales más baratas de toda la ciudad, cuesta 40 shekels por noche en un cuarto compartido con derecho a cena, la cual consistía en salchichas (de ave) con muchas ensaladas, hummus, pita y te o café. En mi caso, como no como embutidos me bastaba con un par de pitas, hummus y ensaladas. Tiene una terraza, que a pesar del poco orden es bastante agradable.

Esta era la vista que tenia desde el hostal

Otro buen lugar un poco más caro 68 shekels es Citadel Hostel, que ha sido elegido en reiteradas ocasiones como el mejor hostal de la ciudad. En relación a esto es barato, es muy bonito, está bien ubicado, aunque estrecho. Lo mejor es su terraza con vista a toda la ciudad y una sala de estar al estilo palestino antiguo. En este lugar se pueden apreciar todas las cúpulas de Jerusalén, es totalmente recomendable.

Si quieres lugares más cómodos, tienes muchos más fuera de la ciudad antigua, menos baratos pero con todas las comodidades.

Podríamos hablar infinitamente de esta parte del mundo que según mi opinión simboliza fielmente lo complejo que puede llegar a ser el ser humano. Todo lo que se ha construido, tanto material como inmaterialmente, es lo que el hombre y la mujer han sabido expresar. A Jerusalén se le ama y se le odia a la vez, es un corazón latiendo al mil por cien y de seguro lo seguirá haciendo por mucho tiempo más. Si algún día tiene la oportunidad de ir, tómela, no se arrepentirá.

Si tienes preguntas o comentarios, no dudes en dejarlos abajo.

Por Alvaro Valdebenito

2 comentarios en “Jerusalén, la ciudad de las mil caras”

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